31 diciembre 2009

El post 393




Avui hauria d'escriure 8 articles i penjar-los al bloc per tal d'assolir els 400 posts d'enguany. Això fa una mitjana de més d'un post al dia, tot i que és veritat que n'hi han molts que son apunts ràpids, recordatoris... però en qualsevol cas he escrit molt en aquesta pissarra. Massa.

No crec que escrigui vuit articles avui. No ho crec pas.

El bloc m'ha ajudat. Però també el bloc m'ha distret de tasques més importants. La raó d'aquesta intensa dedicació al bloc és la inmediata gratificació que se n'obté: penges qualsevol cosa i de seguida tens un feed-back, un comment, una veu de vidre que diu blanc o negre. No t'has de trencar gaire el cap: unes poques línies ben parides serveixen, una observació o una lleugera reflexió dónen consistència suficient al post; no cal que t'obsessionis, pots vagarejar d'un tema a l'altre.

Hi han altres maneres d'escriure: més discretes, més pacients, més centrades en un sol objectiu. Amb un resultat que no és inmediat, que podria trigar anys en ésser realitat. Crec que ja toca.

L'any que ve, doncs, practicaré el gerundi del verb viure: escrivivint.

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Hoy tendría que escribir 8 posts para alcanzar los 400 posts con que redondearía este blog. Pero no lo haré.

He escrito mucho. Creo, ahora, que he escrito demasiado en este blog. La razón radica en la gratificación inmediata que obtengo de las publicaciones en forma de voces amigas. Y la sencillez con que se logra publicar. Además es tan simple como abrir la boca/pluma/teclado, sin necesidad de disciplinarse en torno a un tema: cualquier tema basta.

Pero hay otras formas de escribir: más discretas, más pacientes, más centradas en un solo objetivo. Con un resultado que no es inmediato, que podría tardar años en ser una realidad. Creo que ya toca.

Y así me dispongo a estrenar el año 2010 con un plato de espaguetis a la carbonara (petición especial de mis hijas) y con el propósito de disfrutar del gerundio de vivir: escribiviendo (escribir-vivir-ver).

30 diciembre 2009

Versos ajenos

¿Cómo hablar, si cada parte de mi mente es tuya,

y si no encuentro la palabra exacta? ¿Cómo hablar?
¿Cómo decirte que me has ganado poquito a poco,
tú que llegaste por casualidad? ¿Cómo hablar?


[Estos son de Amaral]

29 diciembre 2009

Excursión al Samont



Ayer hice algo parecido a esto, con más o menos este perfil:





De las 09:00 hasta las 16:30. Unos 25 kms.

Lo digo por si alguien se apunta. Que sepa a qué se expone.

Cuando acabé el litro de agua que llevaba, abrí la tapa de hierro que protege el depósito de la Font d'en Borrell, saqué las babosas (Deroceras Altimirai ? No estoy seguro: eran muy claritas de color, de un bello ocre anaranjado...) que subían por las paredes musgosas, llené la cantimplora, volví a tapar el depósito y seguí la ruta sin miedo a tener sed.

Lo digo por si alguien se apunta. Que sepa a qué se expone.

Eso sí: coronar la cima y ver las vistas sobre el país entero no tiene precio. Hallar arrebujado entre las rocas un belén navideño (¡aaargh, y yo que huía de lo navideño precisamente!), tampoco. Y no os cuento el placer de perderse en un enebral y picotear las bayas y dejarse llenar la boca del suave aroma de la ginebra natural al mordisquear la enebrina.



Alucinante belén desubicado


Señera cimera con el Turó de l'Home al fondo



Rama de enebro con enebrinas maduras (azules)



En primer término los bosques del Montseny desde la cumbre del Samont mirando a Poniente.
Línea verde marca La Mola, Línea Roja señala Montserrat, Línea azul indica Cingles de Bertí.

28 diciembre 2009

Garrulus Glandarius

El descojone llegó luego, en casa, comprobando la identificación. No había oído jamás nombre latino tan ridículo. Garrulus Glandarius parece un nombre de personaje de Asterix.

Corresponde, sin embargo, a un precioso pájaro que hoy he visto por primera vez. Dos ejemplares chitando escandalosamente y cruzando el cielo de un lado al otro. En un medio-giro de uno de ellos he podido ver el colorido de las alas: un relámpago de luz. ¡Azules! Son pequeños córvidos bastante tímidos.

En catalán recibe el nombre de gaig. En castellano es un arrendajo.



Estas láminas de ornitólogops son preciosas, sí, pero... en realidad a los pájaros los ves a contraluz, por breves segundos (o décimas de segundo!), a medias porque una rama te tapa la cola, por ejemplo...

Son más bonitos en los libros (o en National Geographic) que en la realidad. Pero lo bonito no es salir a "cazar". Lo bonito es salir.

Esta mañana a las 09:00 salía de casa, a las 11 desayunaba en el Coll de Tascó, a las 13h00 coronaba el Samont (1.272 m y una limpísima ventolera, con el mar a un lado, el Pirineo de nieves orlado detrás, los bosques del Montseny, los Cingles del Bertí, La Mola, Montserrat, a lo lejos las sierras meridionales... casi todo el país a mis pies) y he vuelto bajando Sant Elies para volver a casa a las 16h30.

Mi paupérrimo estado de beatitud me permite estas saludables curas de soledad reflexiva y marcha consciente para purgar los excesos de noches previas.


27 diciembre 2009

Torre Agbar



En Barcelona nos creció esto.

De lejos, como en esta foto desde las escalinatas de acceso al Teatre nacional de Catalunya, es impresionante:




Sigo pasmado intentando entender por qué BCN quiere emular a París. Rien à faire.

London Gin



Ayer descubrí London Gin, una excelsa ginebra de riqueza insondable, suave explosión bucal plena de matices y un tinte azul pálido que, en copa amplia (y generosa a ser posible), refrescada on the rocks de hielos cubiteriles, luce mucho si se sostiene a media altura y se interpone entre tú y una zarina de las que derraman glamour en un cóctel del barrio alto de la ciudad.  Con ella comentamos las delicias de las ginebras y empezamos a tejer una posibla cata a ciegas de ginebras (ella propone Seagram's, yo la ginebra Vigne, que es francesa y fragante como el perfume de tu amor; Hendricks y Bombay se añaden a la cata a sugerencia de otros contertulios).

Lo malo es que una unidad móvil de atestados de los Mossos d'Esquadra también descubrió la London Gin en mis venas.

Y paso luego todo el día arrastrándome en la desolación. Me ensimismo. Floto en la resaca y reparo el roto de mi noche en la siesta necesaria.

Temo que mi venganza será una cata a ciegas, según ya empezamos a concertar durante el cóctel, que auguro de lesivas consecuencias hepáticas. O no.

Los lectores habituales saben bien mi poca seriedad cuando de compromisos se trata, ¿verdad? Pero al menos aquí queda, gráficamente expuesto en este mostrador, parte de lo que será catado (se admiten sugerencias).





 






Después de leer este post, absténganse Ustedes de conducir. O al menos eviten las rotondas donde pudieran hallarse los controles alcoholémicos.

Hoy es siempre todavía





Teresa, desde su ventana abierta, escribe Hoy es siempre todavía.

Gracias hermana Teresa de los Blogs por tus palabras que yo no quisiera decir ni aunque supiese expresar lo que en ellas leo.

Gracias Teresa por el bisturí implacable de tu verbo, que sangra y saja verdades, siempres y todavías.

En el sabir de los campos de concentración el futuro se acortaba con un realismo que hedía a carne chamuscada: para el futuro usaban una especie de locución prepositiva tal que así: Bis Morgen Früe (Hasta mañana por la mañana).

Acortas el futuro, te deslastras del pasado y, como bien dices, Teresa, "recortas la inmensidad vertiginosa de lo eterno dándole las dimensiones de lo manejable, y te aferras a eso, a lo pequeño, desesperadamente, es decir, sin esperanzas". La felicidad, a veces (a menudo), es así: desesperanzada. Comte Sponville tiene un librito delicioso al respecto.

Un gran abrazo, Teresa.

26 diciembre 2009

La escritura o la vida





Terminé la (re-)lectura de Los hundidos y los salvados de Levi y me volví a internar en Le mort qu'il faut de Semprún sin saber bien qué buscaba, como quien se viste de media gala para asistir a un cóctel sin saber si terminará la fiesta acompañado o solo. Quizás me movía la necesidad de compensar, con lecturas en torno a la Shoah, la felicidad de PVC de estos días Navideños un tanto cargantes. Quizás quería cotejar la route profonde que señalaba en aquel post anterior que ya apuntaba a este de hoy: del oprobio del superviviente Levi (consciente de haber sobrevivido seguramente a costa de otro) a la vindicación de una supervivencia precisamente a costa de otro que relata Semprún en el último libro de su tetralogía sobre Buchenwald (Le grand voyage, Adieu vive clarté, L'écriture ou la vie, y Le mort qu'il faut).


Desayuno. No son las nueve de la mañana y saboreo ya el segundo café del día. Miro la mesa: el tablero de madera (una plancha basta de pino sobre dos caballetes) sostiene la lámpara, la impresora, un par de libros (Guia de camp dels ocells dels països catalans i d'Europa y el Diccionario ideológico de don Julio Casares –sobre el que dejo la taza de café), un fajo de fotocopias (War in the Balkans, 1991-2003, editado por el SSI del US Army War College), un pote que fue de aceitunas y hoy contiene un puñado de lápices y de bolígrafos –más una pluma elegante; en la esquina más opuesta de la mesa hay unas gafas de sol, una botella mediada de vodka y un tablero de corcho apoyado en la mesa y contra una pared donde he pinchado postales (Cézanne, Bacon, Hopper, Picot), algún recorte de diario y los avisos de impago que esperan. Llevo dos horas rondando el alba, después de haberme pasado otra en la cama enredando problemas narratológicos con punzantes deseos de compañía que se revolvían entre las tibiezas de las sábanas y lo agreste de la agenda por venir.

La obra de Primo Levi empezóse a escribir con la memoria y las heridas de Auschwitz aún frescas, a mediados-finales de los años 40. Por aquel entonces, en una celda polaca, también un preso escribía las suyas: Rudolf Höss, que fue comandante del campo, en la primavera del 47 escribía sus memorias mientras esperaba se ultimasen los recursos y pudiese ejecutarse la sentencia que contra él había dictado el Tribunal Supremo de la República Polaca: pena de muerte; ésta se cumplió en Oswiecim, en el mismo lugar de sus crímenes. El relato de Höss es de una deshonestidad desarmante. Leerlo permite valorar en manos de quiénes se dejó la ejecución de la solución final: el cinismo, la manipulación, la descarada distorsión de lo que pasó... Su patética búsqueda de razones (familiares, sociológicas, infantiles) para justificar su inquebrantable adhesión no ya al nazismo sino meramente a la obediencia debida, su perruno acatamiento a cualquier instrucción emanada por la jerarquía, su pundonor en cumplir la orden lo mejor posible (aun sin disponer de medios –echando culpas sobre la impericia o falta de vocación de sus subordinados, o a la falta de medios con que sus superiores le obligaban a trabajar...). Levi, por esas mismas fechas, publicaba Si esto es un hombre: imprescindible relato limpio y tajante, sereno, honesto, ajustado a lo visto, a lo vivido, pero sin derramar sobre el lector lo sufrido en exceso (¡que fue todo!).

Me levanto a estirar las piernas, a regular la calefacción. En la mesa del comedor, extendido, el plano 1:50.000 de Pica d'Estats-Aneto. Me asomo a verlo: me encanto un rato resiguiendo carreteras, caminos y senderos marcados (GRs), miro cotas, trato de imaginar los desniveles y tropiezo con las curvas de nivel y me pincho en los vértices geodésicos. Sueño con las leyendas (prados supraforestales, barreras, helipuertos, remontes...). Me digo que de “aquí” hasta “aquí”, unas siete horas. De este refugio a este otro, un par de días. Rodeo lagos, sigo crestas, me pasmo ante los circos rocosos que aún no he visto ( de Colomèrs, de Gavarnie...), me digo que en primavera... quizás en verano, pueda escaparme a recorrer estas soledades del Parque Natural de Sant Maurici i Aigüestortes, cruzar desde el Pallars hasta la Vallarties rodeando el Montardo, recorrer el Camin Reau de la Val d'Aran, desde Bonaigua hasta la raya con Francia. Sueño sobre los mapas y trato de recordar un poema de Alberti que aprendí en el colegio y que dice así:

Nadie sabe Geografía
mejor que la hermana mía.

-La anguila azul del canal
enlaza las dos bahías.

-Dime: ¿dónde está el volcán
de la frente pensativa?

-Al pie de la mar morena,
solo, en un banco de arena.


Sin Google no hubiera recordardo el poema. No era momento de levantarme y ponerme a buscar en las páginas de Alberti cuál era aquel poema que vagamente recordaba. El ejercicio de la memoria... ah, sí, llego a Semprún.

El arduo paso de la vida a la escritura, que resulta ser siempre cruce peligroso, a menudo sin balizar, y confuso para todos, para quienes lo trazan y para quienes se atreven a cruzarlo, se hace ejercitando la memoria, reconstruyéndola, recuperándola, recomponiéndola (y me atrevería a escribir: incluso proyectándola al futuro! --aunque suene a paradoja de trago atascado: al fijar la memoria la proyectamos también hacia el futuro, porque la hacemos apta para consumo y lección o deleite de futuros lectores). Éste es el ejercicio de Semprún. Sus libros (y particularmente los tres últimos de su tetralogía de Buchenwald) son un ejercicio caracoleante de la memoria en busca de si misma.

La magia (de virtudes narratológicas) reside en que nos lleva de un recuerdo a otro, con magistral “desorden concertado de este relato” (pág 25 de L'écriture ou la vie), nos va abriendo el relato a gajos a medida que pasan las páginas sin que sepamos qué ha de seguir, y sin embargo logrando que todo cuadre al final. Por ejemplo la sesión de jazz en el kino del Lager en diciembre del 44 –mientras Bastogne resistía-- que nos arrastra a la charla en Praga del 69 que, a manera de Melquíades macondiano, logra dar razón de la imagen seminal del libro y, por ende, de toda la inquisición concentracionaria que el hombre Semprún vivió y que Semprún escritor ha sabido legarnos en forma de libros veraces donde la realidad se entrevera fielmente (¡!) con la ficción (“À quoi bon écrire des livres si on n'invente pas la vérité? Ou, encore mieux, la vraisemblance?”, pág 148 de Le mort qu'il faut).

Y vuelvo a mis miedoslibres: la vagancia de levantarme a consultar unos versos es la vagancia de ejercitar la memoria, la vagancia para proyectarla hacia el futuro, el tesón con que logro enzarzarme en distracciones, el mareo de la espiral de los abrazos, el afán con que busco y encuentro razones para demorar lo que es inevitable, las horas que paso escribiendo vanidades, documentándome, leyendo el periódico, picoteando noticias por internet, perdiendo el tiempo...

En un periódico atrasado leo que ha sido rescatado el cartelón que daba entrada al mundo concentracionario, el famoso “Arbeit macht Frei”. Höss fue quien lo mandó poner.

Debo ponerme a trabajar en mis proyectos: sólo así, y luego, lograré ser libre; entonces, y sólo entonces, podré escaparme a triscar por montes y collados.

Pliego el mapa grande. Cierro los tres libros que he traído hasta la mesa. También cierro los ojos. Siento que me chincha el antojo de unos besos, la querencia de una piel a la mía enroscada. No he de olvidarme de la botella de vodka que me han pedido para el cóctel de esta noche. Subo a ducharme, a afeitarme. Creo que me haré un tercer café cuando baje. Tal vez salga al bosque. Veo que llueve.

Quizás es tiempo, entretanto no me acabo de acicalar para ir al tradicional cóctel de Sant Esteve, quizás sea tiempo de ponerme a escribir de veras. Quizás sea el momento de escoger de una vez entre la escritura o la vida, ¿no?

Quizás.

24 diciembre 2009

Fragmentos de sueños secarrales para rematar el año




Se me ocurrió el veinte de noviembre pasado (ex-)poner en este mostrador unos pocos versos de mi librito Trossos de secà, que en su día compuse para un concurso literario que no gané (que nadie ganó, en realidad: el ganador fue descalificado semanas después de llevarse el primer premio...)

Hoy compruebo el resultado y miro el estado de las ventas en BUBOK. Se me turba la cara en vahos de pasmo rotundo, patatero y de dos cifras. Desde que lo dí de alta, no se me había ocurrido chafardear qué resultados y qué ventas estaba logrando el librito de marras. El concepto best-seller me resulta obtuso.

Moltes gràcies a tots i a totes.

No lo entiendo. Se me mezclan y entreveran dos incomprensiones: la primera es mía, la segunda es ajena. Vayamos por partes:

La mía es el rubor, el pasmo. Pongo un libro en venta (y tras todo el trabajo de componerlo, soñarlo, escribirlo, editarlo...) y me pasma descubrir que está siendo vendido. Por primera vez logro beneficios con algo que he escrito (traducciones a parte). Pasmoso. Sorprendente. Regocijante. (Acojonante también.)

La segunda incomprensión es ajena: no atino a comprender el interés que mis delirios (versos, fantasías, comidas de olla --o de polla--, cuentos, miedoslibres, conspiranoias...) pudieran suscitar.

Caso práctico, caso fresco, de ayer mismo: Me siento a la mesa. A mi lado una mujer cabal que recién acabo de conocer. Y me atora la asimetría informativa. Desde los ya lejanos tiempos de Proscritos, esta mujer me lee. Y me lee atentamente, reteniendo datos, cuadrando cantos y desmadejando realidades con ficciones, emparejando realidades y deseos por igual con pericia de alcahueta y rigor de fiscalía. Me siento junto a ella y la jacaranda de mi charla se ve apuntada, claveteada, precisada, siluetada, recortada, matizada, enriquecida... por apuntes y precisiones de mis textos sonsacados. Sonrójome.

--Eres un exhibicionista contumaz.

Bebo un trago. Amargo. Veraz. Pertinente. Vitriólico y por si fuera poco en breve tiempo repetido.

Es Russky Standard, vodka del mejorcito, suave, liviano, torticeramente poderoso. Agua de la Estigia necesaria para tragar y tragar tanta necedad como soy capaz de producir. Y que tanto interesa... cosa que tanto me pasma. Tendré que aceptarlo. Me gusta exhibirme. ¿Podría vivir de esto? En cualquier caso, bebo de esto: traje de Moscú esta botella, y con gracia me la bebo en buena compañía: no pasan los años, pesan las ausencias, las desmemorias, pero el queso francés es delicioso.

Luego, más tarde, una mierda de caca de perro mal pisada me agriará (y apestará) la noche caballeresca cuyo pañuelo al cuello me llamaba como una señera azul. En luz de gas se destilaron las sonrisas que me esperaron en vano. Nyeecs.

Al final de la noche, a mis sueños en abrazos generosos doy cobijo.

Sonrío.

Y no sé de qué.

Pero una sinapsis pone en marcha una sinopsis nueva (renovada) que saca brotes (¿verdes?) por entre los lienzos de niebla...

Lo dicho: Feliz Navidad. (Si fuéramos titiriteros diríamos: Molta merda! como de caca pisada a destiempo).

Y muchas muchas gracias a todos los que, pacientemente y con una devoción que de ninguna manera merezco, me habeis seguido durante este año 2009 a lo largo de estos casi 400 posts que, como Quatre-cent coups, he ido asestando sin ton ni son desde este mi púlpito (mejor sería decir "pálpito"). El Señor os premie la paciencia. A quienes se hayan sentido ofendidas/-os, mis excusos y excusas.

Y para el 2010 os deseo con todo el corazón (aunque sea el mío, que tan desballestado está; espero que aún así lo deis por bueno) os deseo halléis mejores cosas que hacer antes que extraviar vuestro tiempo en este albañal de mis escritos.

De un poeta antiguo

Dice así:


El tiempo no ha extinguido tu belleza todavía; numerosos
          vestigios de tu juventud pasada permanecen.
Tus gracias no han envejecido ni tampoco ha huido
          la belleza de tus rientes pechos o la de tu rosal.




El autor de estos versos es Rufino, poeta de quien muy poco se sabe, griego, epigramático. Sus versos pueden leerse en la Antología de poesía erótica griega (Cátedra, Col. Letras Universales nº 414, Madrid 2009).